Tanto los niños como los adolescentes pueden tener más dificultades que un adulto para explicar qué les está pasando o cómo se sienten. A veces ocurre que los padres no pueden llegar al sufrimiento de sus hijos porque la atención se queda en la superficie, en las conductas. .Con frecuencia, detrás de una conducta disruptiva, reactiva o evitativa existen problemas subyacentes que no están siendo detectados. Estas etapas de la vida en las que nos formamos como personas, son básicas y una intervención psicológica a tiempo ahorra mucho sufrimiento de adulto.
El malestar que sufren niños y/o adolescentes se manifiesta muchas veces en problemas de comportamiento dentro de casa, que afectan a toda la familia. También tiene sus repercusiones en la escuela y el aprendizaje. Por eso, la salud mental y emocional es uno de los pilares básicos para su bienestar y su futuro.
Posibles situaciones en las que una terapia psicológica puede ayudar son:
• Problemas de comportamiento (trastorno grave de la conducta, trastorno negativista desafiante…)
• Problemas relacionales y /o sociales
• Dificultad para la gestión emocional
• Ansiedad, nerviosismo, agitación excesiva, miedos
• Estado de ánimo depresivo, tristeza persistente, aislamiento
• Trastornos de conducta alimentaria (anorexia, bulimia, ingesta compulsiva, etc.)
• Trastorno con déficit de atención y/o hiperactividad (TDAH o TDA)
• Trastorno del espectro autista (TEA)
Frecuentemente, la intervención con niños y, en ocasiones, con los adolescentes va unida a un trabajo terapéutico y pedagógico con los padres o cuidadores.