Retroflexión: “Me odio para no odiarte”

La retroflexión es un mecanismo de defensa que consiste en hacerse a uno mismo lo que en realidad me gustaría hacer con el entorno. Cuando actúa de forma inconsciente este mecanismo nos puede dañar y quitar mucha energía.

Dice Peñarrubia que el retroflector es el peor enemigo de sí mismo. No es capaz de redistribuir sus energías para lograr actuar en el ambiente o promover un cambio en el otro y satisfacer una necesidad. En lugar de ello, dirige la actividad hacia sí mismo y se sustituye por el ambiente como blanco de conducta. Se hace así mismo lo que le gustaría hacer a otro.

Polster y Polster sostienen que su génesis está en el desarrollo infantil, cuando el individuo se “ha encontrado con algo que en aquel entonces suponía para él una oposición insuperable” y, en la mayoría de los casos, los cuidadores del niño se mostraron hostiles a sus tentativas inocentes de satisfacer sus necesidades y tendieron a frustrarlo y castigarlo. Las diferencias de poder existentes garantizaron el fracaso del niño.

Para evitar el dolor emocional el niño acaba renunciando a la satisfacción de sus propias necesidades y permite que el entorno imponga sus propios deseos a costa de los suyos. Pero “las energías comprometidas se van a volver contra los únicos objetos disponibles y seguros en el campo, su personalidad y su propio cuerpo”. Este mecanismo también es explicado desde la bionergetica: el subimpulso agresivo, aquel que nos permite dirigirnos hacia la satisfacción de nuestra necesidad, ante la frustración continua, queda bloqueado en función de defensa y contención, antítetica a la expresión y el contacto

La rabia es una emoción comúnmente retroflectada. En lugar de expresarla poniendo los límites fuera, y separándonos de lo que nos daña, nos «la tragamos», generándonos en primer lugar tensiones físicas que acaban cristalizando en corazas musculares y somatizaciones diversas. Además, a menudo, esa rabia retroflectada se convierte en juicio y culpabilización hacia nosotros mismos, quedando dañada nuestra autoestima y dignidad. Son patrones aprendidos que habitualmente quedan anclados de forma inconsciente.

Poder reconocer y hacer consciente este mecanismo es fundamental para que el cambio pueda generarse.

 

Bibliografía:
– «La resistencia y los mecanismos de la
neurosis en psicoterapia gestáltica»
André Sassenfeld J.
– «Terapia Gestalt: La Vía del vacío fértil» , Paco Peñarrubia